sábado, 14 de abril de 2012

Traficantes de Fé

   Hoy estoy de malas.

   No es que tenga nada en contra de las personas que cuando ven una oportunidad, la aprovechan para hacerse de algunos pesos extra. Los vendedores ambulantes que se suben a los camiones para vender objetos varios, como comida chatarra y objetos miscelaneos de dudosa calidad tienen mi respeto porque son personas que lo hacen todo el día con el mínimo de ganancia.


   El gran problema son las personas charlatanas que lucran con la necesidad (o estupidez) de los pasajeros. Aquí la historia:

   Viajando en el camión en camino a casa de mis papás para pasar el fin de semana con ellos, se sube un señor cuarentón con un montón de panfletos en la mano. Le costaba articular más de 3 palabras seguidas antes de darle una hojeada a sus panfletos, seguro que tenía escrito su "guión" en alguno de ellos. No estaba muy seguro de qué intentaba vender al principio, hablaba de problemas de adicción, de sobre peso y problemas neurológicos. Pensé que promocionaba un centro de atención o un retiro. Entonces habló de Dios.


   Definitivamente "Dios" llama la atención, porque el alboroto de las señoras platicando en el camión, el chofer mentando madres a los transeúntes, hasta los niños que iban haciendo ruidos tontos, guardaron silencio para escuchar las palabras de aquel hombre. Dios tiene un poder increíble, que en manos equivocadas puede ser un arma de dos filos.

   El vendedor promocionaba algo así como un "servicio religioso" para personas que tuvieran cualquier tipo de mal. Físico, mental, espiritual, incluso la muerte. Dijo que Jesús había curado los males de todos, había curado la lepra, la viruela, la locura y había revivido a los muertos. Rápidamente, "Jesús" se volvió en un máximo producto milagroso, la salvación de la mercadotecnia.


   Existen muchos charlatanes que lucran con la necesidad de creer y la carencia de fe de las personas. Lo que me llegó a controlar fue que absolutamente nadie aceptó un folleto, y las miradas de juicio se clavaron tan fuerte en aquel embustero que no tardo más de 10 segundos en bajarse en friega del camión.

   Mi fe en la humanidad ha sido reforzada...

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